Vivimos en el mundo de Tom Brady y Bill Belichick

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No se había llegado ni al ecuador del tercer cuarto cuando todo parecía sentenciado. Atlanta Falcons había anotado su cuarto touchdown de la noche, poniendo en el luminoso un 28-3 que parecía ser definitivo. Muchos se fueron a la cama, y en cierta manera lo puedo entender, ya que yo fui el primero que pensaba que el partido había sido liquidado. Pero amigos, cometimos uno de los errores más imperdonables que puede haber, dudar del imperio patriota liderado por las dos mayores bestias que jamás hayan pasado por el deporte del football.

Ahora todos esos que se fueron a dormir deben estar tirándose de los pelos, retozándose de rabia, escupiendo bilis y soltando todo tipo de improperios, y es que saben que se perdieron el desenlace del mejor Super Bowl de la historia. No hay más. Sé que ha habido otros grandes partidos, con remontadas en los últimos instantes, jugadas memorables, sorpresas mastodónticas, lo que querías. Ninguno otro ha tenido una remontada de 25 puntos, una prórroga, y un triunfo final que corona a Bill Belichick y Tom Brady como head coach y quarterback más laureados de la historia de la NFL.

Brady levantando el Lombardi Trophy ante la mirada de Belichick, vía Trends Zone

Cinco anillos como cinco soles son los que poseen ya esta maravillosa dupla que han encumbrado a los New England Patriots de los últimos 16 años como la mayor dinastía no solo de esta competición, ni del deporte americano, sino del deporte mundial. Sí, así de drástico. Pero tengo argumentos de sobra para fundamentar está afirmación. Los que siguen esta competición seguramente compartan este pensamiento, o por lo menos la mayoría de ellos, y los que la ven de forma esporádica, y están mucho más cerca de otros deportes mayoritarios como el fútbol o el baloncesto, solo les voy a dar una pincelada de estos argumentos.

En la NFL no se puede tirar de talonario para formar tu plantilla, sino que hay un límite salarial igual para todos con el objetivo de equilibrar fuerzas. Durante estos 16 años los Patriots se han dado vuelta temporada tras temporada, pasando por la franquicia cientos, repito, cientos de jugadores, pero siempre con un denominador común, Brady y Belichick. Es más, estoy convencido que con la confección actual del equipo, si tuvieran otro entrenador y otro quarterback, aunque también fuera élite, tan siquiera habrían jugado estos playoffs. De verdad que lo pienso.

Vayamos al partido, en el que hubo dos historias completamente distintas. La primera duró hasta la mitad del tercer periodo. Hasta entonces los Falcons le habían dado un repaso a los Patriots como nunca antes se había visto. Habían dominado todos los aspectos del juego sin contemplaciones. El ataque, aunque no se había mostrado tan aplastante como en ocasiones anteriores, poco a poco fue entrando en ritmo, dirigido por un Matt Ryan que completó una actuación quirúrgica. Es más, terminó con un quarterback rating (factor que mide la eficacia de esta posición) de 144.1, cuarto mayor de la historia en un Super Bowl. Si a Ryan le dicen que terminaría con ese dato y su equipo perdería el partido estoy seguro que se habría descojonado.

Alford en el pic six a Brady, vía AJC

Pero había sido la defensa la que había llevado en volandas al equipo, realizando un trabajo impecable en todas las facetas. Un front seven que anuló desde el inicio el juego de carrera del rival, una línea defensiva ultra agresiva que no dudaba en golpear a Brady cada vez que tenía la oportunidad, unos linebackers que cerraron toda esa zona intermedia en la que tan bien se desenvuelven los receptores de los Pats, y una secundaria que ahogaba cualquier intento de pase profundo mediante marcajes asfixiantes, sin dudar en hacer falta al fiel estilo de la Legion of Boom de los Seahawks, casa de la que procede Dan Quinn. Y aquí quería llegar, me quito el sombrero ante este entrenador. Su plan de juego fue simplemente magnífico, acompañado por una ejecución que rozó la perfección, y todo ello con jugadores novatos y sin experiencia en este tipo de lides.

Llegados a ese punto en el que muchos decidieron abandonar la retransmisión, nos quedaban por delante dos narrativas que a cada cual más apasionante. Por un lado, la confirmación del meneo que estaban recibiendo los de Foxboro, y por otro, la que sería la mayor remontada en una final de la NFL. Vayamos a ese último cuarto y medio de partido.

La defensa de Falcons, muy mermada físicamente, lo cual es completamente entendible si tenemos en cuenta que pasó en el campo casi el doble de tiempo que su ataque, empezó a conceder yardas con más facilidad, y con ellas, anotaciones. Primero un touchdown tras una larga posesión de New England en la que incluso se jugó un cuarto down en su propia mitad de campo. Segundo, un field goal que supo de muy poco para Patriots después de haber llegado hasta las puertas de la endzone. En estas series Josh McDaniels, coordinador ofensivo, se había dado ya al juego aéreo por completo y Brady había encontrado en James White el factor sorpresa de la noche.

Las alarmas aún no había saltado, los Patriots seguían estando a 16 puntos con menos de diez minutos por jugarse y todavía no parecía que peligrase la victoria de los de Georgia. Pero en el siguiente drive de Atlanta comenzó a desatarse la locura. Dont’a Hightower consiguió un sack sobre Ryan acompañado por fumble que recuperó Alan Branch. Todo ello sucedió en la propia yarda 25 de Falcons, lo que permitió en el próximo ataque anotar a Patriots de forma muy rápida. Cinco jugadas en menos de dos minutos y medio, touchdown de Danny Amendola y conversión de dos puntos para el hiperactivo White.

De forma casi inexplicable New England se había puesto a una anotación (6+2) de completar la más heroica de todas las batallas que había enfrentado hasta ahora. El lado oscuro comenzaba a sentirse más que nunca en el NRG Stadium de Texas, y las caras de pánico empezaron a aparecer en la banda de Falcons, entre las que destacaba la de Arthur Blank, propietario de la franquicia, quien había abandonado su palco para celebrar la victoria desde abajo.

Jones con la recepción circense, vía Koin 6

No obstante, para tener la oportunidad de empatar el encuentro primero tenían que frenar una vez más al mejor ataque de lo que va de siglo, lo cual se les puso cuesta arriba en apenas tres jugadas. Los Falcons se plantaron en un abrir y cerrar de ojos en la yarda 22 de New England, es decir, en field goal range, gracias a la que fue la jugada de mayor quilates de todo el duelo. Julio Jones se colgó de las vigas del estadio para bajar un pase que para cualquier otro hubiera sido imposible de atrapar. Una jugada circense que bien valía un título. Los mejores siempre aparecen en los momentos más críticos.

Por enésima vez, parecía todo sentenciado, pero los Patrios se volvieron a agarrar a un clavo ardiendo, y con un placaje para pérdida de yardas en una carrera, un sack de Trey Flowers y un holding ofensivo, provocaron que los Falcons fueran expulsados fuera del rango del gol de campo y tuvieran que despejar el ovoide. De locos. Nadie podía explicar lo que estaba pasando.

Y en ese momento, bajo la mirada directa de más de 70.000 personas, y de más de 200 millones alrededor de todo el mundo, saltó al campo Tom Brady, más firme que nunca, y decidido a convencer hasta el último de sus detractores, que por alguna extraña razón los tiene y muchos, de porque es el mejor quarterback de siempre. Para ser justos, hay que decir que Brady tuvo ayuda, estuvo acompañado en ese drive por la sombra de su ídolo, Joe Montana, con quien hasta este domingo estaba empatado en títulos, y quien 28 años antes había completado el mejor drive ganador que se recuerda en un Super Bowl. En aquella ocasión fueron 92 yardas las que completó Montana y sus 49ers, esta vez fueron 91.

Edelman con la recepción surrealista del partido, vía Oregon Live

Brady y los Patriots se atravesaron el emparrillado no sin antes ver una jugada que fue maravillosa y surrealista al mismo tiempo. En un mal pase del quarterback a Julian Edelman el balón fue desviado por su defensor, rebotó en la tibia de este cuando estaba cayendo, y cuando parecía que sería un incompleto, el receptor rebaño el ovoide a centímetros del suelo, que digo centímetro, milímetros. El karma había hecho su presencia en el partido, acercando a los Patriots la posibilidad de olvidar esos dos títulos que les fueron arrebatados en las dos finales ante Giants con sendas recepciones también rozaron lo obsceno. La narrativa había sobrepasado ya en ese momento cualquier lógica que pudiéramos imaginar. Se estaba escribiendo la mayor historia jamás vista en un emparrillado.

Como no podía ser de otra manera los Patriots terminaron el drive atravesando por avasallamiento la endzone de Falcons por doble ocasión, touchdown, anotación de dos puntos, y partido empatado. En ese momento ya todos habíamos hecho añicos previas y análisis, y con todos esos pedazos de papel nos estábamos frotando los ojos incrédulos. No terminábamos de creernos lo que estábamos viendo.

Ryan tuvo una serie más para conseguir el field goal ganador, pero lo que durante toda la temporada fue pan comido se había convertido en una utopía. De esta manera se llegó al overtime, y solo una moneda separaba a New England de la gloria eterna. Todos en ese momento sabían, incluidos seguidores, jugadores y entrenadores de Falcons, que si los Patriots se hacían con la primera posesión del tiempo extra, sería el fin. Desafortunadamente para ellos así sucedió, perdieron el sorteo y los Patriots volvieron a atravesarse el campo mientras la defensa de Atlanta, a la que no le quedaba ni una gota de aliento, no podía hacer otra cosa que encajar los golpes definitivos que provocarían el KO.

Una vez más, New England hizo posible lo imposible. Cuando cualquier otro equipo habría bajado los brazos ellos no lo hicieron, siguieron creyendo en la victoria, y la consiguieron. No sé si volveremos a ver algo parecido, pero es innegable que los Patriots han puesto el listón muy alto, tanto, que tan siquiera se logra ver. No nos queda más remedio que arrodillarnos y rendir pleitesía a Belichick y Brady, los dioses supremos del fútbol americano.

PD: Quiero agradecer a Gorka (@sportsadicto) que me haya prestado el título del artículo.

Por Stéfano Prieto

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About Stefano Prieto

Amante del deporte. En especial NFL y NBA. Puedes encontrarme en twitter en @Stefano_USA