Una cabra de apellido Brady

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Durante las largas offseasons de la NFL es común entretenerse con cualquier tema que salga a la palestra con tal de paliar de alguna forma esa amarga sensación de ser huérfanos de football. Últimamente casi todo vale e incluso en ocasiones se discute sobre asuntos que poco o nada tienen que ver con el propio juego en sí, pero a los yonkis como yo nos sirven aunque sea como un triste aperitivo del festín que da comienzo cada año en septiembre.

Algo de lo que más se habló esta temporada baja fue de quién era el GOAT de esta nuestra competición. “Greatest of all time”, es decir, el mejor de todos los tiempos, una cuestión en la que es prácticamente imposible ponerse de acuerdo. Cada persona tendrá su favorito y lo podrá defender con argumentos válidos pero que no servirán para convencer a otros que tengan otra preferencia, para gustos lo colores. Es más, pocos serán los que hayan visto en acción a todos los jugadores desde que la NFL tiene vida, por lo que tratar de llegar a un consenso se hace aún más difícil. En este tema no existe una verdad absoluta y bajo mi humilde punto de visto creo que deberíamos hablar más de GOATS, en plural, ya que quedarse con uno solo para mí no tiene casi ni sentido.

No obstante, como todo el mundo, tengo mis preferencias, y si yo me tuviera que quedar con un jugador no es otro que Tom Brady (que me perdone Aaron Rodgers). Poco se puede contar del quarterback de New England Patriots que no se haya dicho. Ha batido todo tipo de records habidos y por haber y es el QB con más trofeos Vince Lombardi en su poder, pero lo que más me gusta de él es la pasión con la que compite cada domingo. Cualquier otro ya se habría retirado, ya no tiene nada que demostrar, pero el hambre de Brady por ganar le impide despedirse de los emparrillados, por más que le pese a sus haters.

Llevamos años oyendo y escuchando que si el bueno de Tom está perdiendo facultades, que si ya ha entrado en decadencia, que si ya no es el mismo de antes. Todos intentos baratos de desprestigiarle o de tratar de ser el listo de turno que salgo diciendo cuando tiene un mal partido: “yo ya lo había dicho”. De todas formas Brady ya se ha encargado de demostrar por si solo que tiene cuerda para rato y a sus 40 años está jugando igual que siempre o incluso mejor.

El comienzo de temporada que está completando confirma por enésima vez su pacto con el diablo. Después de un errático encuentro inaugural frene a Kansas City Chiefs, el mejor equipo en este arranque de año, ha tenido dos actuaciones soberbias. Y sé que la defensa de los Saints no es de esas que pongan mucha resistencia, pero la de los Texans es otra historia, sino que le pregunten al mismo Brady por el duelo de ronda divisional de los pasados playoffs. 74,18% de pases completados para 825 yardas, 8 TD por 0 intercepciones con un QB rating de 142, 9. Estos son sus registros después de los dos últimos fines de semana.

Si Brady siempre ha sido criticado por algún aspecto en su juego, ha sido por no tener un gran brazo. Compro la idea de que el “12” no posee la potencia de algunos de sus compañeros de posición, no es ni mucho menos un portento físico como los que acostumbran a salir últimamente del college football, pero no es cierto que no esté capacitado para lanzar en profundo cuando la ocasión lo requiera. Este pasado domingo lo demostró en varias ocasiones, en las cuales además de enseñar que sí posee la fuerza necesaria para hacer volar el balón un gran número de yardas, dejó claro que su precisión sigue manteniéndose intacta. En la siguiente jugada vemos como Brady lanza un pase milimétrico de 44 yardas con la presión encima en el que Cooks (tras una gran ruta) solo tiene que esperar a que el balón caiga desde el cielo.

El partido contra Texans fue muy complicado para el quarterback, ya que sufrió un asedio durante la mayor parte del mismo. La DL del equipo tejano se impuso a la línea ofensiva patriota provocando que Brady tuviera que sacar a relucir su mejor versión. El QB estuvo especialmente acertado en terceros downs, ese terreno prohibido en el que solo los más grandes saben desenvolverse con soltura. Esta secuencia pertenece al último drive del encuentro, 3&16 que completa para mantener la serie con vida. A destacar aquí su footwork, como no para de mover los pies y como realiza un slide step (paso lateral) seguido de un step up (paso hacia delante) para mantener el pocket limpio.

Como he comentado, los Texans golpearon al futuro Hall of Famer una y otra vez. De hecho, y para ser justos, debemos decir que a Brady también le acompañó esa pizca de suerte que se necesita para ser un grande. Sufrió tres fumbles, aunque solo perdió uno (que fue retornado para TD), incluido uno en un último drive que pudo ser fatídico, pero que terminó siendo una oda a como se debe llevar a cabo una remontada. Tras el último pase que hemos visto, con solo 26 segundos en el luminoso y en busca del touchdown que le diera la victoria a los Patriots, Brady se saca de la manga un último as para poner este pase quirúrgico en la endzone a pesar de ser atropellado nuevamente.

Algún día tendrá que caer, ya que el tiempo no pasa en balde para nadie, o no, que se yo, porque contra Brady es mejor no luchar. Capaz que sea una revelación del mismísimo diablo que ha venido para atormentar rivales en la NFL hasta que se haya quedado sin dedos donde colocar nuevos anillos. Lo que sé es que por lo menos yo lo voy a disfrutar al máximo hasta el día que nos diga adiós, el cual será uno de los más tristes de este deporte. Aunque solo sea por una vez deberíais hacerme caso en esto y no perderos ni un solo snap de este genio, o mejor dicho, de esta cabra de apellido Brady. El auténtico GOAT.

Por Stéfano Prieto

@Stefano_USA

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Amante del deporte. En especial NFL y NBA. Puedes encontrarme en twitter en @Stefano_USA