Keenum pone contra las cuerdas a Zimmer

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En 2016 los Minnesota Vikings partieron la temporada como uno de los principales aspirantes al título por parte de la Conferencia Nacional. Una defensa muy sólida, un buen trabajo desde la banda y cierto grado de experiencia (venían de ser eliminados por culpa de aquella fatídica patada de Blair Walsh) eran sus credenciales para ser considerados como tal. Ni siquiera la trágica lesión de Teddy  Bridgewater a días del kickoff inicial fue motivo suficiente para bajarles del tren de los favoritos, dado que la gerencia encontró rápidamente un reemplazo de características similares en la figura de Sam Bradford.

La historia de cómo fue su año la sabemos todos. Un comienzo fulgurante con cinco victorias al hilo que lo dejaron como único invicto y dando la sensación de ser un conjunto al que era imposible meterle mano, para a renglón seguido encadenar un racha horrible de ocho derrotas en los últimos once encuentros. El descalabro fue morrocotudo y aunque probablemente la mayoría de los seguidores tornaban su mirada hacia la incapacidad de Bradford para mover el ataque, el culpable de una caida de tales dimensiones tenía nombre propio: las lesiones. Los Vikings sufrieron tal plaga de lesiones que ni el head coach Mike Zimmer se libró. Por supuesto que todos los equipos deben contar con este tipo de contratiempos cuando parten una nueva temporada pero en el caso de Minnesota la epidemia fue tan fuerte que incluso era realmente complicado completar el depth chart.

Por esta razón, llegados al comienzo de la presente campaña y una vez recuperados todos los efectivos (a excepción de Bridgewater), me parecía de recibo mostrarles la misma confianza que se habían ganado hace un año, teniendo en cuenta que incluso se habían reforzado en las dos unidades que más carencias habían mostrado, como son la linea ofensiva y el backfield. Además, aunque algunos pocos como un servidor creíamos que podían ser uno de los gallitos de la NFC, el aroma que se respiraba en torno a ellos es que serían un equipo de media tabla, por lo que estarían bajo el radar, algo que personalmente creo que les ha beneficiado hasta el momento.

Keenum y su OL, vía Star Tribune

Lo que no logro entender, por más que le doy vueltas, es que después de nueve partidos disputados y de un récord de 7-2 (8 partidos y 6-2 si os habéis subido al carro despés de lo del pasado domingo) es que prácticamente todo el mundo seguía sin creer en ellos. Posiblemente la baja de Dalvin Cook no solo trastocara los planes del equipo, sino también de aquellos que empezaban a pensar que los Vikings tendrían opciones una vez establecido un juego de carrera que en 2016 brilló por su ausencia. Otros pensarían que el nivel que está mostrando la OL decaería con el paso de las semanas, agarrándose a la pobre imagen del año pasado que tan lejos queda ya y que nada tiene que ver a la de hoy en día. Pero sin duda la gran mayoría de incrédulos han fijado su mirada en un nombre, ese que ocupa la posición de QB1 y a la que parece que debe estar suscrito una super estrella para lograr algo grande (podríamos repasar una lista para nada pequeña de equipos que han triunfado con QBs peores). Case Keenum es el gran responsable de que los Vikings continuen sin estar en las apuestas por el Lombardi, cuando la realidad demuestra que tiene gran parte de culpa de que su equipo vaya con paso firme hacía un titulo divisional que les daría el pase directo a los playoffs.

No vengo a convenceros de que Keenum es la panacea de los quarterbacks, ni mucho menos, pero sí que mínimo se ha ganado un respeto que casi nadie le da. Basta de mirar su pasado. “Que si en los Texans no fue capaz de ganarse la titularidad cuando prácticamente la regalaban”, “que si en los Rams (sí, esos Rams de Fisher que apestaban) hasta el pobre Jared Goff le ganó el puesto”, “que si, que si…”. Keenum ha demostrado en lo que llevamos de Regular Season que es un QB completamente válido para los actuales Vikings.

Nadie le debe pedir hacer de Aaron Rodgers y que sea el principal abanderado de los suyos, Zimmer no se lo pide. Nadie le debe pedir que haga de Tom Brady y que remonte 25 puntos en una Superbowl, Zimmer no se lo pide. Lo que le debemos pedir es que cumpla las funciones que se le exigen desde la banda de una manera óptima y que sea un factor que sume a la ofensiva. Y señores, estas dos cosas Keenum las cumple a la perfección.

Beneficiado de una linea ofensiva prácticamente infraqueable (solo han permitido diez sacks) y que se han convertido en una de las más gratas sorpresas del 2017, Keenum está gestionando el ataque de una forma eficiente. Claro que tiene errores, hay muy pocos quarterbacks que no tengan errores, pero son muchos más sus aciertos, como pasara por ejemplo en el partido ante Redskins. Lo que más me está gustando de él es que no se corta un pelo, si tiene que arriesgar lo hace con el mayor de los descaros, no se conforma con lanzar checkdowns o pases a la flat, siempre busca el pase que mayor daño puede provocar en su rival. Esta imprudencia era algo que no se veía en Bradford y que al ataque le está viniendo de perlas.

Thielen celebrando un TD

Además, ha creado un química excelente con el receptor Adam Thielen, jugador que es fiel reflejo de su equipo. WR under radar que apenas sale en las conversaciones de los mejores en su posición pero que cada domingo da un clínic sobre lo que un receptor debe hacer. Su route running es una delicia y sus manos un seguro de vida pero lo más importante es la gran capacidad que tiene para entender el football. Es un jugador que marca la diferencia gracias a la inmensa inteligencia que demuestra tener dentro de un emparrillado.

A este jugador y a la linea ofensiva, las armas más importantes con las que cuenta Keenum, se le suma otros factores como son Stefon Diggs, otro tremendo receptor, Kyle Rudolph, su vía de escape y una gran amenza en redzone y por último, el comité que han formado en el backfield Latavius Murray y Mckinnon y que está respondiendo mucho mejor de lo que podíamos pensar cuando se lesionó Cook. Todo este conjunto da forma a un conglomerado en ataque que funciona de manera mucho más que correcta, sabiendo mover las cadenas y subiendo puntos al marcador de forma constante. Y todo ello dirigido por Keenum, por lo que espero que a partir de ahora se le de el crédito que merece.

Y por si se nos olvida, el ataque no es el principal factor que hace peligroso a estos Vikings, sino que es el actor secundario de una película de culto cuyo protagonista es una defensa que está plagada de jugones y que una vez superados los problemas físicos está demostrando que están entre las mejores de la competición. No solo está en los primeros puestos de los apartados estadísticos más importantes sino que lo que le hace grande es la sensación de superioridad que transmite en los momentos cruciales.

Keenum y Bridgewater durante un entrenamiento, vía 247 Sports

Y ahora es cuando se plantea la más complicadas de las preguntas. ¿Qué hacer con Bridgewater? Bueno, que hacer no, que hará Zimmer. Por si alguien no lo sabe, el quarterback no solo está activado en el roster desde la semana pasada sino que tiene el visto bueno de los doctores para jugar al máximo nivel. Contra Redskins formó parte de los cincuenta y tres actuando como QB backup en la banda y estando preparado ante cualquier eventualidad que le pudiera suceder a Keenum. Es evidente que a igualdad de condiciones la pregunta sobre quien debe jugar tan siquiera existiría pero a día de hoy este debate es legítimo. Bridgewater lleva casi dos años sin participar en un snap oficial y entrar a jugar en plena competición, con tu equipo luchando por llegar a la postemporada y cuando todo está funcionando como un reloj parece ser algo arriesgado. Podemos agarrarnos a esa máxima que dice que no toques lo que está bien pero también podemos encontrar el dicho que quien no arriesga no gana. Zimmer tiene ante si una de las decisiones más imporantes a las que va a tener que hacer frente en su carrera como entrenador. En cualquier caso, es una decisión que solo le compete a él y haga lo que haga, le sacarán a hombros de su propio estadio si el equipo consigue algo importante o le harán papilla si terminan claudicando. Habrá que seguir muy de cerca este tema de aquí a final de temporada ya que lo crean o no, los Vikings se han ganado a pulso ser considerados como uno de los mejores equipos de la NFL.

Por Stéfano Prieto

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